La feminización de los flujos migratorios: cuando mujeres explotan otras mujeres

3 commenti

 

La feminización de los flujos migratorios: cuando mujeres explotan otras mujeres

Por Annalisa Melandri – www.annalisamelandri.it

 

Una de las características más evidentes de los  flujos migratorios modernos es su feminización, como reportado en la mayoría de los  informes sobre migraciones.

Este nuevo aspecto de la migración ha sido también el tema principal de las recientes  reuniones del Foro Social Mundial de las Migraciones, la última se ha llevado a cabo en Manila, Filipinas del 26 al 30 de Noviembre de 2012.

En Quito, Ecuador, en 2010, la asamblea definitiva de los Movimientos Sociales que integraban el IV  Foro Social Mundial de las Migraciones declaró que: “la creciente feminización de los flujos migratorios a nivel mundial se debe en gran medida a la incorporación de  las mujeres en las cadenas globales de apoyo a la familia en el país de destino, [incorporación] que se caracteriza por una gran precariedad laboral que conlleva a procesos de degradación personal con graves problemas de impacto ambiental en las comunidades de origen, lo que constituye una nueva forma de esclavitud del siglo XXI . Con respecto a la trata con fines de explotación sexual, en muchos países se aplican a las leyes de inmigración, y no las leyes de protección recomendadas por el Protocolo de Palermo. [1]

En los últimos años, más y más a menudo sucede que son las mujeres de  los países más pobres del mundo las que asumen el papel de breadwinner dentro de sus familias, un papel  un tiempo  reservado exclusivamente al componente masculino emigrante de las familias. Las mujeres representan muchas veces la última posibilidad para millones y millones de familias aplastadas por la pobreza y que no tienen ninguna posibilidad de salir de ella: “De casi 180 millones de migrantes, la mitad son mujeres, muchas de ellas ya no viajan más como compañeras de sus maridos y siempre más frecuentemente lo hacen de forma individual.”[2]  

Hoy son las mujeres que toman la decisión de dejar su país con el objetivo de asegurar a sus seres queridos una vida decente y digna. Dejan su tierra, su familia de origen, sus hijos y sus esposos o compañeros, para  emigrar al exterior,  en Europa o en los Estados Unidos, donde parece ser  cada vez más imprescindible una mano de obra femenina para el cuidado de las familias burguesas de esos países, que de tal forma se aseguran un avance hacia arriba en la escalera social gracias a la mayor cantidad de tiempo a disposición para las actividades profesionales e empresariales.

La mano de obra femenina de los países subdesarrollados o en vía de desarrollo se caracteriza por ser esencialmente a bajo costo, de fácil “domesticación” y sobre todo fácilmente  chantajeable por las características peculiares de este tipo de migración. Y a juzgar por el gran número de mujeres, cada año  más alto,  que son empleadas en los hogares como trabajadoras domésticas fijas o “por horas”, por el cuidado de niños o de ancianos, se trata de un trabajo para el que existe una gran demanda. Se estima que alrededor del 10% de los hogares italianos utiliza una empleada doméstica o una niñera o “badante” como se les dice a las mujeres que atienden los ancianos o los enfermos. Este  número es seguramente mucho más alto si consideramos que la mayoría de las trabajadoras domestican no son registradas ni tienen algún tipo de contrato.

Las mujeres migrantes, casi siempre solas, en condición migratoria irregular o sin contrato de trabajo (por lo menos la mitad de las que trabajan en las familias italianas) no conocen el  idioma, y con la excepción de algún amigo o pariente que ha llegado antes de ella, no tienen ninguna referencia familiar o económica en el país de acogida. Esto hace posible una dedicación casi absoluta, por parte de estas mujeres, hacia las familias que las reciben. Solamente en muy pocos casos, las redes de migrantes son alternativas viables a la soledad.

La mujer migrante se encuentra entonces muy a menudo obligada a integrarse en forma no espontánea y desde luego en una forma no sana, en la familia donde  ofrece su trabajo. Se vincula a  los hogares, donde vive casi secuestrada, casi invisible ante los ojos de la sociedad (más aún si no tiene su documentación en regla),  es chantajeada  con facilidad y se le pide dedicación absoluta también en la esfera afectiva, sobre todo cuando tiene que ocuparse de niños. En pocas palabras, es anulada  como individuo.

Es en estos casos se trata de relaciones laborales fundadas en la precariedad, que se sitúan muy cerca a formas más o menos sutiles de esclavitud. El aislamiento es utilizado para pretender y obtener siempre mayor sumisión. Las relaciones se caracterizan por representar formas de dependencia económica y afectiva muy graves, que son siempre a “una vía” y donde la necesidad de “protección” de las migrantes está plenamente satisfecha por la familia que la acoge y que recibe a cambio una entrega total y una disponibilidad de  tiempo sin límites.

Estas relaciones de trabajo llevan ínsitas procesos de degradación y humillación de la persona, la cual  con el tiempo termina en anularse en el momento exacto en el que los miembros de la familia receptora reciben tiempo y energías que invertirán  en la mejora de la calidad de sus vidas y en  la gestión de sus actividades profesionales y por ende en el avance hacia arriba en la escala social.

De esa forma, un alto nivel de serenidad y una excelente  calidad de vida de las familias receptoras del norte del mundo son logradas  sólo a costa  de la disgregación y de la dispersión de miles de familias del  hemisferio sur del planeta. Las familias de origen de las mujeres migrantes son privadas de una importante referencia afectiva, sobre todo en las comunidades rurales e indígenas. No es difícil imaginar las consecuencias a largo plazo de ese aspecto sobre las vidas de miles y miles de niños que viven con los abuelos u otros familiares, cuando no con los vecinos. Esto crea  unas “familias transnacionales” donde los miembros viven  en países diferentes y donde cuyo único vinculo o hilo conductor que los mantienes unidos es representado únicamente por las remesas. Un terremoto relacional de magnitud inimaginable y con consecuencias imprevisibles sobre la estabilidad del tejido humano y social de enteros países.

Una vez más, le corresponde a la mujer el cuidado de su propia familia, incluso desde lejos. Con la feminización de los flujos migratorios, de hecho, son las mujeres las que deben asumirse la responsabilidad en los casos de la reunión del núcleo familiar en el exterior, que se hace siempre más difícil a causa de las nuevas políticas anti-inmigración de los gobiernos europeos.

Algunos estudios muestran , sin embargo, como es propio la  migración femenina la que representa por  miles y miles de mujeres la oportunidad de escapar a  relaciones afectivas violentas o abusivas en sus  países de origen y por otras representan efectivamente una oportunidad de conseguir una  independencia económica para  poderse realizar  lejos de los núcleos patriarcales fuertemente limitantes o sofocantes.

La realidad pero muestra que  las mujeres migrantes en realidad son una fuente de mano de obra muy barata, que tiene como única función la de permitir a las familias del primer mundo  de  mantener un estilo de vida cualitativamente aceptable, a pesar del ritmo frenético de la vida en las grandes ciudades y de la creciente cantidad de tiempo que las mujeres occidentales dedican  a las actividades laborales o empresariales.

No se trata solamente de esto.  La presencia de las mujeres migrantes  en los hogares de las ciudades europeas o norteamericanas, como niñeras o amas de casa,  permite que estas familias sean capaces de compensar a un costo relativamente bajo,  a la falta de atención siempre mayor que las políticas públicas de los gobiernos de los países europeos y de Estados Unidos dedican al welfare.

Italia, que es el país europeo con mayor número de personas  con más de 65 años de edad, es también el país que tiene menor número de camas en residencias de ancianos y cae al último lugar por el número de personas mayores atendidas en casa por el Estado (sólo el 1 %) .

Los servicios públicos de apoyo a la familia y de atención a los niños y ancianos, que en pasado a costa de grandes luchas y reivindicaciones sociales habíamos logrado que fueran por lo menos en parte otorgados por el Estado, están volviendo a representar una pesada carga para muchos hogares y esto debido a las políticas neoliberales adoptadas en las últimas décadas por la mayoría de los gobiernos europeos.

Los espacios sociales en los que  la participación y la solidaridad lograban  proporcionar un apoyo importante a las mujeres cuya individualidad se encontraba aplastada entre el trabajo fuera del hogar,  el trabajo domestico, el cuidado de los niños y de los miembros ancianos de la familia, se están disolviendo  año tras año  en una sociedad en la que los espacios de intercambio  con los demás son a diario anulados por la idiotez tele trasmitida o por la otra forma de locura generalizada representada por el consumismo cada vez más compulsivo.

Se trata, por lo menos en Europa, de enteras sociedades en las que se está registrando una  regresión peligrosa hacia posturas reaccionarias o conservadoras, por lo que  incluso las mujeres europeas, quienes  en los últimos años han luchado duramente para obtener algunos  logros en términos de liberación y de conquistas hacia una  independencia económica y afectiva –de la que hoy están recogiendo los  frutos– aplican  modelos de explotación laboral y de  discriminación hacia otras mujeres.

Es toda la sociedad en su conjunto que se está desplazando peligrosamente   hacia la  derecha de la conciencia colectiva, creando en este caso especifico un sistema de atención a las familias marcado  en la formalización, a través de estas formas particulares de relaciones laborales, de las clases sociales,  un concepto considerado por muchos revisionistas, anticuado o ya no a la moda.

Una tendencia a la baja en el desarrollo de la humanidad que,  lamentablemente, no tiene que ver solamente con los países occidentales o con las sociedades más avanzadas. En América Latina, la definición de las clases sociales en el ámbito del cuidado y  atención a las familias, podemos decir que tiene una estructura  “piramidal”. Las  trabajadoras  domésticas empleadas en los  hogares de más  altos recursos, a su vez emplean trabajadoras domesticas o niñeras provenientes de un peldaño de la escala social inmediatamente inferior en el que ellas se encuentran, y así sucesivamente, creando verdaderas cadenas de explotación “a lo femenino”. Son raros, en ese sector de trabajo, en cualquier parte del mundo, los casos en los  que se puede hablar de relaciones de trabajo fundamentadas en el respeto del prójimo y en la justicia.

La falta de verdaderos contratos de trabajo, salarios míseros  y siempre por debajo  del sueldo mínimo, abusos de varia naturaleza incluido los abusos sexuales, horario extenso, explotación infantil y maltratos verbales y tal psicológicos: por todas estas razones  el Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer (UNIFEM)  sitúa la explotación de las trabajadoras domesticas entre las 16 formas de violencia de género, mientras algunos estudios hablan claramente de esclavitud  o de semiesclavitud domestica.

A los ya conocidos factores de discriminación que enfrentan generalmente las migrantes y que son los de raza y los de clase,  la componente femenina de los flujos migratorios tiene que añadir también el de género. Por eso se habla de una “discriminación doble, triple e incluso a veces cuádruple[3]”, una “trimurti”  impresa como un sello con fuego en el pecho de las mujeres  migrantes.[4]

Estas formas de explotación en nuestros hogares, la explotación de las mujeres hacia otras mujeres, la explotación de las mujeres de las  clases más altas hacia las más pobres, migrantes o no migrantes, al final sólo quiere significar una sola cosa: que la mujer aún no se ha liberado de los roles que la sociedad le reserva desde milenios.  El cuidado de la casa, de los niños, de los padres ancianos, si no puede ser a cargo de una mujer europea o estadounidense que sea a cargo de una filipina, una rumana, una peruviana,  pero que recaiga  estrictamente sobre los hombros de una mujer.

La paridad tan esperada en el seno de la sociedad  la mujer todavía no la ha obtenida pero está bien lejos de  imaginarla también al interior de la  pareja o de la familia: el hecho de que una  mujer rica, tal vez  económicamente independiente de su marido, con una vida profesional satisfactoria, tenga necesidad hoy de explotar otras mujeres para asegurarse el cuidado  de su hogar y de su familia, quiere decir que lamentablemente no ha logrado compartir con equidad con su  pareja o su esposo, las tareas del hogar y del cuidado de los niños.

Los reclamos gritados en voz alta en las marchas feministas de las décadas pasadas, las reivindicaciones tal vez justificadas por los manuales modernos de puericultura… la realidad muestra que ciertas tareas y funciones siguen siendo responsabilidad exclusiva del universo femenino.

 

 

 



[1] Protocolo de las Naciones Unidas sobre la prevencion, llo delle Nazioni Unite sulla prevenzione, soppressione e persecuzione del traffico di esseri umani, in particolar modo donne e bambini. En vigencia desde el 25 de diciembre de  2003

[2] CEPAL:  “Mujeres migrantes de América Latina y el Caribe: derechos humanos, mitos y duras realidades” — Patricia Cortés Castellanos

[3] Ambrosini M. Sociologia delle Migrazioni, il Mulino 2005

[4] Campani 2003

 

  1. ¿Por qué intentamos aclarar continuamente que cuando hablamos de patriarcado o machismo no hablamos de hombres sino de un sistema y, sin embargo, cuando las mujeres son quienes se convierten en el brazo de ese sistema se dicen cosas como “Mujeres que explotan a mujeres” o “las mujeres son las primeras en hacerlo” las “mujeres machistas”? ¿No es el mismo machismo y el mismo sistema patriarcal? ¿Por qué hacer esa precisión que, en general, evitamos hacer con ellos? Y sobre todo ¿por qué decirlo en el titular cuando no se toca el tema hasta el antepenúltimo párrafo de un texto bastante extenso?

    El patriarcado es el patriarcado y su seña de identidad es no hacer la menor distinción en quienes le sirven: mujeres y hombres por igual y me parece culpabilizador en extremo esperar más de una mujer que de un hombre a la hora de desmontar ese sistema. El Feminismo no deviene con el cromosoma x sino con la toma de conciencia, como tampoco llega con el feminismo el imaginar otras familias menos heteronormativas que las reflejadas en sus conclusiones.

    Los reclamos para la visibilización de las mujeres mediante el uso de un lenguaje no sexista, por ejemplo, son algo que todo el mundo tiene en su mano (y nunca mejor dicho al escribir, también vienen de antiguo y no por eso creo que sea usted más discriminadora por mujer que un hombre cualquiera que haga ese mismo uso sexista y androcéntrico de la lengua.

  2. avatar
    Annalisa ha detto:

    Estimada Maria, me parece que el texto hable de todo un sistema, tal vez no he usado esta palabra y pido disculpa por eso, pero habla de familias y de clases y eso es sistema o no?
    No se usted, tal vez la pensamos diferente, pero no es obligatorio estar en acuerdo, pero yo espero mas de las mujeres que no de los hombres en el momento de desmontar el patriarcado ya que este es una autoridad representada por un varón. Como por ejemplo en el momento de desmontar el capitalismo espero mas de un obrero que no de otro capitalista… tal vez el ejemplo encaje poco pero creo en la solidaridad de clase, en la solidaridad militante, en la solidaridad entre mujeres. Justamente estoy de acuerdo con Usted cuando dice que el “El Feminismo no deviene con el cromosoma x sino con la toma de conciencia” y por eso es que he resaltado la paradoja del hecho que mujeres feministas o que se pensaban fueran asi, las que habían tenido en los años 70 la “toma de conciencia” sean tal vez las que explotan otras mujeres. Al fin no entendí bien tal vez la critica…, Usted me esta acusando de tener un lenguaje sexista por haber dicho que hay mujeres que explotan otras mujeres?

    • avatar
      juan jose ha detto:

      Comparto plenamente Sra Annalisa ha detto…
      Aca no se trata de MACHISTA o PATRIARCADO..
      Poque “saltan” como ranas con todo estos del genero..?
      No todos los hombres somos iguales.., mi familia TODA es Patriarcal…y no significa a la mujer se la trate de menos o inferior..
      Aca hay una gerra generada contra nosotros los hombres , no discuto en muchas ocaciones se tratara mal a la mujer..
      Pero evolucionar…no es crecer y usar la razon..?
      Aca veo pelea de niños…
      Saludos

Trackbacks/Pingbacks

  1. ¡Muchas sombras y pocas luces para las madres dominicanas! | Annalisa Melandri - […] madre que se ve en la obligación de dejar sus hijos y vivir lejos de ellos, lamentablemente la feminización de los …

Lascia un commento Trackback URL: